sábado, 16 de noviembre de 2024

Viajes en el Tiempo: Terminator 2. El Juicio Final

John Connor conoce al T-800


Este artículo, como todos los de esta serie dedicada al análisis de los viajes en el tiempo en el cine, por razones evidentes, contiene spoilers de toda la trama. Además, es necesario conocerla más o menos bien para una plena comprensión del artículo. Por todo ello, recomiendo no leer el artículo si no se ha visto antes la película. El análisis de la primera película aquí: Viajes en el Tiempo: Terminator

De todas las películas de la saga, Terminator 2: El Juicio Final (1991) es la favorita del público en general. Es una película mucho más grande que la anterior, y que cambia el enfoque casi de película de terror de aquella por el de gran película de acción, buscando en todo momento ser lo más espectacular posible, y reivindicar a Arnold Schwarzenegger como gran estrella del género. Y todo esto, no cabe duda. lo consigue.

Particularmente yo le veo dos pegas. La primera es que, pese a todo, no deja de ser una suerte de remake de la historia original con un mismo esquema que repetirán casi todas las demás secuelas que le sucederán. La segunda, que es la que nos atañe en este artículo, es que su tratamiento del viaje en el tiempo es irregular, casi compromete la historia de la película original, y que no caiga en incoherencias parece más un resultado algo casual y no, desde luego, el de una cuidada planificación.

Y es que la primera Terminator fue concebida como una película auto conclusiva. La narración en off que nos servía de prólogo decía literalmente “pero no se libraría la batalla final en el futuro, se libraría aquí, en el presente, esta noche…”, lo que le daba una gran relevancia a lo que en ella se contaba. Sin embargo, el prólogo de Terminator 2, con voz en off de Sarah Connor (Linda Hamilton), comienza aportando nuevos datos que diluyen dicha relevancia y complican la coherencia que debería haber entre ambas películas:

“La computadora que controlaba las máquinas, Skynet, envió a dos terminators a través del tiempo, su misión destruir al líder de la resistencia humana, John Connor, mi hijo. El primer terminator fue programado para destruirme en el año 1984, antes de que naciera John, fracasó. El segundo fue enviado para destruir al propio John cuando aún era un niño. Igual que antes, la resistencia pudo enviar un solo guerrero, un protector para John. La única incógnita era cuál de ellos llegaría antes a él.”

Sarah Connor

El enfoque de esta narración parece dar a entender que, tras el fracaso del primer terminator en su intento de matar a Sarah, Skynet habría enviado a este segundo terminator a matar a John. Pero esto no es coherente con el planteamiento de cómo funcionan los viajes en el tiempo que se estableció en la primera película, es decir, el de la paradoja cerrada. A Skynet le habría sido imposible cambiar su pasado, alterar la sucesión de acontecimientos de su propia línea temporal y, por tanto, no puede, tras enviar al terminator, obtener una respuesta que le indique que el primer terminator ha tenido éxito o ha fracasado. Más allá del hecho de que, tras enviarlo, absolutamente nada ha cambiado, cosa que sí es cierto que podría interpretar como señal de fracaso. Pero, como ya comentamos en el artículo sobre la película anterior, la propia Skynet probablemente habría anticipado la futilidad del mero hecho de intentar cambiar el pasado.

Así que el envío de un segundo terminator no podría haber estado condicionado por el resultado del primero, sino que Skynet habría enviado a los dos terminators de manera independiente, cada uno con su propio objetivo, el uno tras el otro. Y no solo eso, sino que ni siquiera habrían sido enviados en el orden que Sarah expone en su narración.

Nos hemos referido a los terminators enviados por Skynet como primero o segundo en función del orden en el que aparecen en las películas, es decir, en el orden en que van llegando desde el futuro. Y cuando vemos la primera película damos por sentado que si Skynet ha enviado al terminator a matar a Sarah Connor en 1984 es porque es la mejor opción que tiene para matar a John antes de que se convierta en el héroe que la derrotará. Pero con Terminator 2 esto cambiaría por completo por dos razones: Skynet sabe dónde y cuándo localizar a John, y porque destina a ello un terminator de un modelo superior: el T-1000. Así que ahora debemos interpretar que Skynet habría enviado primero al T-1000 a destruir al joven John Connor, y luego como refuerzo a su plan, a un T-800 a matar a Sarah. ¿Cómo quedaría justificado que no hubiera enviado a otro T-1000 a matar a Sarah? Bueno, eso es sencillo, sabemos, por el propio Kyle en la primera película, que la serie T-800 era nueva. Podemos asumir entonces que Skynet solo tendría un T-1000 que sería un prototipo.


Y el gran problema de todo esto es que es algo que podemos deducir o imaginar en función de la información que se da en la primera película y de cómo funciona el viaje en el tiempo en ella. Que ya dijimos que era ejemplar. Pero realmente en este prólogo de Terminator 2 no solo no hay una explicación explícita de todo esto, sino que, como dije más arriba, induce a pensar que el viaje en el tiempo funcionaría de otra forma. La única razón en este punto, para darle un voto de confianza a James Cameron, y pensar que sabía lo que estaba haciendo, es el hecho de que este prólogo es narrado por la propia Sarah, que hace referencia a los terminators como primero y segundo desde la perspectiva de su propia experiencia. Y, como dijimos en el artículo anterior, lo que un personaje en una historia sobre viajes en el tiempo piense y exponga sobre cómo funcionan estos, no necesariamente se corresponde con cómo lo hacen realmente en dicha historia. Si la voz en off de ese prólogo hubiera sido la de un narrador omnisciente, se habría cargado por completo la coherencia de la película y delataría que James Cameron no sabía que estaba haciendo.

¿Por qué cuestiono la posibilidad de que James Cameron supiera lo que estaba haciendo? Porque no solo es este prólogo en sí, sino que hay una idea base que está presente a lo largo de toda la película: “El futuro no está establecido. No hay destino, solo existe el que nosotros creamos”. Y no es así. No según las bases establecidas en la primera película sobre cómo funcionaba el viaje en el tiempo y, por tanto, tampoco debería ser como funcionara en esta. No tendría sentido que la física de este universo, de repente, empezara a funcionar de otra forma.

En realidad, parte de esa línea de guión, en iglés “the future is not set”, ya estaba presente en la primera película, en el mensaje de John que Kyle le daba a Sarah, pero, como aquello otro de “un posible futuro”, se decía de pasada, no se le daba peso, y simplemente se podía tomar como que era la idea que los personajes tenían de cómo funcionaba el viaje en el tiempo. Y que es algo que, más allá de formularlo oralmente, va implícito en la propia idea de tener que salvar a Sarah. Es necesario que los personajes crean eso, que el futuro puede cambiar y que, por tanto, el terminator puede matar a Sarah. Y tal como está escrita aquella primera película, subrayando sutilmente lo que los personajes creen, enriquece la narrativa. Si es que Cameron las añadió siendo consciente de lo que era trabajar con una paradoja cerrada.

Miles Dyson y su esposa.

Efectivamente en esta segunda película esa idea podría, igualmente, funcionar como motivación para que los personajes actúen. Sin embargo, se insiste tanto en esa idea, especialmente en la narración en off por parte de Sarah, presente durante todo el metraje, que casi adquiere ese peso que tendría ese narrador omnisciente que mencionábamos, lo cual resultaría incoherente. E insisto una vez más, lo que salva la película de que podamos tacharla como fallida como historia de viajes en el tiempo es que, por suerte, no deja de ser la voz de Sarah.

Aunque la cosa va más allá. Y es que esta idea, originalmente, era rematada por una escena final, que incluso fue rodada, y en la que se veía a una Sarah Connor anciana, en un parque, en un futuro en el que efectivamente habrían evitado el Día del Juicio Final. Lo cual no tiene ningún sentido. No sé si por suerte, o porque Cameron se dio cuenta de esto tras haber rodado toda una película cuya coherencia se tambalea, que esa escena fue eliminada del corte final, con lo cual la coherencia acaba salvándose por los pelos.

Particularmente, la admito sencillamente como correcta en su tratamiento del viaje en el tiempo porque, después de todo, al final las incoherencias se quedan en lo que los personajes dicen, y una vez eliminada la escena final con la Sarah anciana, nada en los acontecimientos comprometen la coherencia. Y, una vez más me repito, realmente no es que los personajes en una paradoja cerrada no tengan libre albedrío, sí que toman sus decisiones, simplemente sabemos de antemano a donde, inexorablemente, les van a llevar. Me gustaría pensar que James Cameron entendía esto y así es como lo enfocó, pero, como hemos visto, me temo que es muy cuestionable.

La anciana Sarah Connor que se cargaba la coherencia.

Aun así, hay varias cosas interesantes sobre esta película que me gustaría señalar.

Una de las razones por las que prefiero la primera película es que no dejo de ver en esta algo que suele darse con frecuencia en secuelas y es que hay mucho de remake en ella. Y la espectacularidad de lo que en su día fueron unos efectos especiales innovadores en materia de CGI se pierde un poco. No han envejecido mal en absoluto, pero cuando has visto la película por enésima vez, y has visto otras muchas con efectos similares, dejan de tener el mismo peso a la hora de disfrutar de la película. Disfruto mucho más las partes protagonizadas por Sarah, sus escenas en el hospital psiquiátrico de Pescadero, su fuga, y su intento de asesinar a Miles Dyson, que todo lo que tiene que ver con el T-1000 o incluso la relación entre el T-800 y el joven John. No puedo evitar preguntarme como habría sido una secuela centrada enteramente en Sarah. Sin el T-1000 o el T800 de por medio. O quizás si solo hubiera la amenaza de otro T-800, sin un protector. Creo que el T-1000 me sobra bastante.

Por otro lado, no puedo evitar pensar en los buenos mimbres que dejaba esta película para siguientes secuelas. Y es que los huecos que nos hemos empeñado en rellenar en este artículo, para darle coherencia a esta película, podrían haber servido para hacer una secuela que la reforzara. Por ejemplo, el ver ese futuro en el que la resistencia localizaría el equipo de desplazamiento temporal, descubrirían en los registros el último envío, el del T-800 para matar a Sarah, John enviaría a Kyle a salvarla y, tras ello, se descubriría el envío del T-1000 y se pondrían a investigar y preparar a un T-800 para enviarlo tras él. Me parece fascinante como todos esos detalles, que parecen condicionar de manera rígida cómo deberían haber sido las posibles secuelas, pueden ser usados precisamente como cimientos sólidos para construir sobre ellos de manera coherente. Lamentablemente no fue así, y ya a partir de la tercera película todas hacen aguas.

Conclusiones: Terminator 2 es una gran película de acción, probablemente sea una de las más importantes del género, y lo valorada que está por los fans está perfectamente justificado desde ese punto de vista. Sin embargo, su tratamiento del viaje en el tiempo es irregular, ambiguo, no siendo necesariamente fallido si queremos verlo así, que ha sido el enfoque que le hemos dado en este artículo, pero que no queda nada claro. Desde luego no está bien elaborado. No la usaría como ejemplo de buena película de viajes en el tiempo, pero tampoco como mala. Y de hecho es la razón por la que he escrito este artículo, por sus particularidades y lo irregular que resulta en ese aspecto.



domingo, 3 de noviembre de 2024

Viajes en el Tiempo: Terminator

Arnold Schwarzenegger como el terminator.

Este artículo, como todos los de esta serie dedicada al análisis de los viajes en el tiempo en el cine, por razones evidentes, contiene spoilers de toda la trama. Además, es necesario conocerla más o menos bien para una plena comprensión del artículo. Por todo ello, recomiendo no leer el artículo si no se ha visto antes la película.

De todas las películas de la saga, para mí, la primera, Terminator (1984), es la mejor. Por varias razones. Para empezar, obviamente, me gusta la historia que cuenta. Pero, además, por ser la primera, no depende de haber visto nada antes. Y tiene un final cerrado. Aunque apetecían, no eran necesarias las secuelas. El resto de películas de la saga, no solo dependen al menos de ella, sino que, excepto Terminator: Salvation (2009), prácticamente son remakes encubiertos. El esquema es el mismo una y otra vez, y sus aportaciones son, mayormente, superfluas y prescindibles. Sí es verdad que Terminator 2: El Juicio Final (1991), la película de la saga favorita de muchos, presenta excepciones y particularidades de las que hablaremos en un próximo artículo. Sin embargo, esta primera tiene algo muy importante y que es único en la saga: es la única en la que realmente se trata bien el tema de los viajes en el tiempo.

La historia comienza cuando dos viajeros en el tiempo llegan a 1984. Uno de ellos, el terminator (Arnold Schwarzenegger), una máquina con aspecto humano, con la misión de matar a una mujer, Sarah Connor (Linda Hamilton), quien acabará siendo la madre del héroe que dará la victoria a los humanos en su rebelión contra las máquinas en el futuro, John Connor. El otro viajero, Kyle Reese (Michael Biehn), un voluntario enviado para protegerla del terminator y acabar con su amenaza. Es importante subrayar aquí, que cuando estos dos viajeros parten del futuro, la guerra ya ha terminado. Skynet, la computadora de defensa que se levantó contra la humanidad, ha sido ya derrotada, y el envío del terminator a través de la maquina de desplazamiento temporal supone una jugada a la desesperada. Pero que, como veremos, está abocada al fracaso.


Y es que no puede ser de otra forma. Cambiar lo que llevó a Skynet a la situación que hizo que enviara al terminator al pasado haría que no hubiera razón para hacerlo. Con lo cual nos encontraríamos en un caso de paradoja abierta. Es más, lo razonable es pensar que, con toda seguridad, Skynet habría anticipado la futilidad de dicha acción de la misma forma que nosotros. Pero, al igual que nosotros, tampoco tiene la certeza de qué pasaría si el viaje en el tiempo al pasado fuera posible. Así que no pierde nada por intentarlo.

De la misma forma, inevitablemente, Kyle tendrá éxito en su misión y Sarah acabará salvándose, engendrando a John, adiestrándolo, y éste convirtiéndose en el héroe en la rebelión contra las máquinas. Realmente ni Kyle ni Sarah pueden hacer (o dejar de hacer) algo de forma que eso cambie. No es que no actúen con libre albedrío, sino que, simplemente, ya sabemos a donde les acabará llevando las decisiones que tomen. Porque conocemos su futuro. Hay un momento dado en el que Kyle, respondiendo a las preguntas de Sarah, dice “un posible futuro”. Sobre esto hay algo que debemos tener en cuenta: los personajes involucrados en una historia de viajes en el tiempo no necesariamente saben cómo funciona. Y precisamente no tener esa certeza, creer que se puede cambiar lo que sucedió, es lo que motiva al personaje para proteger a Sarah, el creer que realmente está en peligro.

Terminator es una historia de viajes en el tiempo que en todo momento juega con la paradoja cerrada. El pasado no se puede cambiar y el desarrollo de los acontecimientos es inalterable. Y, basándose en eso, la historia se permite un par de filigranas del tipo de las que hacen bellas las paradojas cerradas. La primera de ellas es que realmente Kyle acaba resultando ser el padre de John. No tendría por qué ser así, si eliminamos la escena íntima y la mención al final al embarazo y la paternidad de Kyle el argumento seguiría siendo sólido y correcto. Pero jugar con este tipo de cosas es lo que hace interesantes las paradojas cerradas. La segunda filigrana es que la foto de Sarah al final de la película es la misma que vemos en las manos de Kyle en los flashbacks del futuro. Con esta foto la película nos confirma definitivamente que se trata de una paradoja cerrada. Porque es imposible que fuera exactamente la misma foto si la línea de sucesos en la vida de Sarah hubiera podido ser alterada. Nos está diciendo que todo esto siempre fue así, un ouroboro perfecto, donde origen y desenlace están irremediablemente conectados.

Linda Hamilton como Sarah

Pero… ¿podría la película ser enfocada de otra forma, de manera que el terminator realmente pudiera matar a Sarah, y deshacer la victoria de la rebelión contra las máquinas?

Como hemos comentado más arriba, si el terminator eliminara a Sarah, John Connor dejaría de existir, y por tanto no se convertiría en el artífice de la derrota de las máquinas. Skynet no tendría una razón para enviar al terminator al pasado para evitar el nacimiento de alguien que ni siquiera habría existido y, por tanto, del cual no sabe nada. Estaríamos, como hemos dicho arriba, con un caso de paradoja abierta. Insisto una vez más: no sabemos qué pasaría si realmente pudiéramos viajar al pasado, pero lo que sí sabemos es que trabajar en narrativa con una paradoja abierta es… complicado. No niego la posibilidad, a mí mismo se me ocurren algunas aproximaciones al problema, pero no es algo que yo haya visto hacer de manera correcta aún.

Pero tenemos una alternativa a la paradoja abierta: las líneas temporales alternativas. Las cuales sí permiten crear historias coherentes. Pero el resultado del uso de las líneas temporales alternativas no suele ser el que se busca en muchas películas sobre viajes en el tiempo: cambiar el pasado. Así que acaban creando historias sin sentido que incluyen paradojas abiertas e incluso paradojas cerradas, a pesar de que son conceptos mutuamente excluyentes. Así que a continuación vamos a exponer el problema de trabajar con líneas temporales alternativas, de una manera estricta, centrándonos en esta primera Terminator.

Tenemos un futuro en el que John Connor, liderando la rebelión contra las máquinas, consigue derrotar a Skynet, y esta, como última jugada, hace uso de la máquina de desplazamiento temporal para enviar un terminator a matar a la madre de John antes de que él siquiera sea engendrado. A esta línea temporal primera, la original, la vamos a llamar LT-01.

Escena de Terminator

El terminator llega al pasado con la intención de eliminar a Sarah Connor. La mera irrupción del terminator en ese pasado estaría creando una versión distinta de la línea temporal original, en la cual no había ningún terminator. Recordemos que por eso se le ha enviado, para cambiar ese pasado. A esta nueva línea temporal la llamaremos LT-02-A. ¿Por qué A? Enseguida estaremos con ello. La cosa es que en esta segunda línea temporal el terminator acaba eliminando a todas las Sarah Connor que encuentra en la guía telefónica, incluyendo a nuestra protagonista. John nunca llega a nacer. Y aunque realmente la existencia de John no es realmente determinante, ya que otros posibles líderes de la resistencia igualmente podrían haber conseguido la victoria, supongamos que efectivamente, gracias a esto, Skynet gana. ¿Realmente lo hace? Skynet habría ganado la guerra en esta segunda línea temporal LT-02-A… pero la línea original LT-01 no habría sido alterada en absoluto. La Skynet de LT-01 habría enviado un terminator para evitar su derrota, pero no habría conseguido nada en absoluto, nada habría cambiado para ella, con lo cual nada de lo que hizo tiene demasiado sentido. Ya hablamos de ello en el primer artículo de esta serie: si un personaje viaja al pasado para salvar a su prometida de la muerte y lo consigue… estará salvando a la prometida de su yo alternativo en esa otra línea temporal que ni siquiera existiría si no hubiera intentado salvarla, pero no a la suya. Pues lo mismo.

¿Pero… y Kyle Reese? La cosa es más divertida aún. Ya que la línea temporal original LT-01 no ha sido alterada en absoluto con el viaje del terminator al pasado… cuando Kyle entra en la máquina para interceptar al terminator realmente no puede viajar a otro pasado que el de LT-01. No puede viajar al pasado en el que está ese terminator porque ese es el pasado de la línea temporal que su llegada ha creado, LT-02-A. Así que, a su vez, el viaje de Kyle al 1984 que para él tiene vigencia (LT-01) también creará una nueva línea temporal. La llamaremos LT-02-B. Y en esta nueva línea temporal tendríamos a Kyle en un pasado en el que no hay un terminator al que combatir. Paradójicamente podría ser el propio Kyle quien borrara de la existencia a John Connor ya que, sin duda, lo primero que haría, como efectivamente hace en la película, es buscar a Sarah, no al terminator. Y que Kyle encuentre a Sarah supondría cambiar la línea de acontecimientos de la vida de Sarah… ¿Qué probabilidad hay tras ello de que Sarah acabe engendrando exactamente al mismo hijo, al mismo John Connor? Ninguna.

Sarah y Kyle


Pero Kyle es el padre de John… ¿lo es? No, si trabajamos con líneas temporales alternativas no, no al menos el padre del John original de LT-01 porque al 1984 de esa línea temporal original no llegó ningún viajero en el tiempo. Pero venga, sigamos jugando.

Supongamos que este Kyle, llega al pasado (LT-02-B), encuentra a Sarah, y aunque no aparece ningún terminator, y el tipo parece estar como una chota, ella acaba enamorándose de él y acaban concibiendo un hijo. Que sería una persona distinta porque, para empezar, sería de un padre distinto. Y esto dando por sentado que naciera niño, que bien podría ser niña. Y efectivamente le ponen de nombre John, por cumplir con lo que creen que es historia. Y al final acaba apellidándose Connor porque acaban separándose, o Kyle fallece, o acaba en un psiquiátrico, o lo que sea. Y supongamos, una vez más, que efectivamente John acaba siendo, de la misma forma que el John original, el líder que lleva a la resistencia a la victoria contra las máquinas. Y que Skynet haciera respondiera de la misma forma. Y que un segundo Kyle Reese, el que originalmente se habría criado en esta línea temporal (LT-02-B), es enviado por ese John al pasado…

Aparentemente, según la película, Kyle llegaría instantes después del terminator, con lo cual, si este terminator de LT-02-B viajara exactamente hasta el mismo momento en el que lo hace su versión de LT-01, es decir antes de que Kyle llegue. Estaría creando otra línea temporal alternativa a LT-01,  porque antes de la llegada de Kyle no existe LT-02-B, es su llegada la que la crea, pero el pasado previo sigue siendo LT-01. Así que vamos a suponer que la llegada del terminator y de Kyle, tal como la vemos en la película, se estuvieran dando simultáneamente.

En este caso, este nuevo terminator, viajando al pasado, crearía una nueva línea temporal paralela idéntica hasta ese momento a LT-02-B. La llamaremos LT-03-A. Y a la cual llegará el Kyle Reese original de LT-01 de la misma forma que llegó a LT-02-B, y creyendo a este nuevo terminator aquel al que siguió desde LT-01nota1. Y en este momento el panorama es interesante porque tenemos exactamente el mismo que vemos en la película. Solo que, una vez más, al haber tantos cambios en la línea temporal, si algo podemos dar por sentado es que el hijo que engendren Kyle y Sarah no será el John Connor original (LT-01), quien ni siquiera era hijo de Kyle, ni el John Connor LT-02-B, que sí sería hijo de Kyle, pero que sería una persona distinta porque es imposible que hayan engendrado exactamente a la misma persona. Sería el equivalente a un hermano. Mismos padres, pero no la misma persona. Y al igual que en el caso anterior dando por sentado que nace varón, que podría ser que no. Llegados a este punto la cuestión sería… ¿realmente importa John Connor? La importancia en la historia original radica en la idea de la posibilidad de eliminar de la existencia a una persona especial, única y decisiva. Pero con lo volátiles que son los hechos, los acontecimientos, al usar líneas temporales alternativas, resulta que estamos sustituyendo continuamente a esa persona por otras, que solo conservan, si acaso, el nombre John Connor. Con lo cual esa relevancia desaparece.

El terminator sin su envoltura orgánica.

De la misma forma, el plan de Skynet carece de sentido porque nunca conseguiría cambiar el resultado de la guerra que le afecta… sino que estaría recreando el mismo problema en otra línea temporal. Quizás algunas de las otras Skynet ganen la guerra, otras la perderán, pero ninguna solucionará su propia situación, la que les hace enviar un terminator al pasado.

Y hay algo que jamás se repetiría cuando hablamos de líneas temporales alternativas: la fotografía de Sarah al final de la película. Esa foto, en ese momento y lugar, es expresamente el resultado de la línea de acontecimientos que la ha llevado hasta ese punto. De otra forma, no hay manera de que se volviera a repetir esa misma foto. En el mejor de los casos, si se acabara dando la improbable situación de que en otra línea temporal se hiciera una foto en el mismo lugar no sería exactamente la misma. Porque es sumamente improbable, por no decir imposible, que acabara haciéndose la misma foto en el mismo lugar, momento, ángulo, etc.

Conclusiones: Terminator es una buena película, con una historia bien escrita, y su tratamiento del viaje en el tiempo es ejemplar. Circunscrito al uso de la paradoja cerrada. Si tuviera que señalar alguna pega desde luego no se las veo en cuanto al viaje en el tiempo en sí. En todo caso a lo insólito que resulta alguien con el físico de Arnold Schwarzenegger como una unidad de infiltración. Cosa que debemos tomar como una licencia artística, para darle envergadura a este "villano",  pero que no tiene mayor importancia.

Enlace a Viajes en el Tiempo: Terminator 2: El Juicio Final

viernes, 11 de octubre de 2024

Viajes en el Tiempo en el Cine

Escena de El Tiempo en sus Manos

Mi género cinematográfico favorito siempre ha sido el de la ciencia ficción. Y uno de los varios subgéneros que abarca, que me ha llamado mucho siempre la atención, es el de los viajes en el tiempo. Pero tengo un pequeño problema con este subgénero y es que una gran parte, por no decir la mayoría, de las películas de viajes en el tiempo, están llenas de incoherencias. Simplemente están mal planteadas. En cuanto oigo de una nueva película o serie, que trata sobre viajes en el tiempo, mi escepticismo hace acto de presencia. Y no digamos ya cuando se da en una saga establecida, como ocurrió con el Marvel Cimematic Universe o el último Indiana Jones. Pero supongo que por ello me resulta especialmente gratificante cuando lo hacen bien y más aún si además hay una buena historia de por medio. No es algo que ocurra a menudo.

Cuando hablo de este tema, suele  haber alguien que me señala que los viajes en el tiempo no existen, que son ficción y que, por tanto, esas películas no pueden estar mal planteadas. En realidad, esto no funciona así. Por mucho que algo sea ficción, o fantasía, tiene que haber una mínima coherencia en lo que se cuenta, al margen de si es posible o no.

Por ello debo aclarar que, al hablar de los errores que suelen cometer las películas de viajes en el tiempo, no voy a entrar mucho en si es posible o no viajar en el tiempo según los métodos que plantean estas películas. Es ciencia ficción (a veces incluso fantasía), y aunque he visto a físicos cuestionar detalles al respecto, yo, particularmente, suelo aceptar que simplemente el método o la máquina funciona sin mucha reticencia. Quizás porque no soy físico, pero más que nada porque el mayor escollo que veo en estas películas suele estar en algo mucho más básico y es en la simple lógica y la coherencia narrativa.

Escena de El Final de la Cuenta Atrás
El Final de la Cuenta Atrás (1980)

Estas fallas en la narrativa a las que me refiero solo se dan cuando se trata de viajes en el tiempo al pasado y debido precisamente a la alteración del mismo. El viaje en el tiempo al futuro, por sí solo, no plantea problema alguno ya que, a efectos prácticos, es como despertar en el futuro y continuar con la linealidad del tiempo. Pero si tenemos viajes en el tiempo al futuro, y viajes de regreso, los cuales serían viajes al pasado respecto a ese futuro del que se vuelve, volvemos a encontrarnos con la posibilidad de que aparezcan incoherencias en la narrativa. Insisto, en la narrativa. No sabemos qué ocurriría si realmente pudiéramos viajar al pasado y alterarlo, no sabemos cómo respondería a ello la física, nuestro universo. Pero, cuando se plantea en la narrativa de ficción, empiezan a aparecer estas incoherencias, sinsentidos y cabos sueltos.

Son historias que tratan sobre viajeros en el tiempo que se trasladan al pasado e interfieren en el transcurso de lo que ya ocurrió, cambiándolo. Con esto nos encontramos lo que se conoce como paradoja abierta, a la cual también se llama paradoja del abuelo por el siguiente ejemplo estereotípico: un viajero en el tiempo viaja al pasado y accidentalmente (o no) mata a su abuelo antes de que haya tenido ningún hijo. Por tanto, el padre del viajero nunca nacerá, a su vez este tampoco lo hará y no podrá viajar al pasado y provocar la muerte de su abuelo. La paradoja abierta supone un problema enorme en la coherencia de la narrativa porque, como vemos, la consecuencia del cambio desbarata la sucesión de acontecimientos que dieron lugar a que el propio cambio fuera posible.

Y la cosa es, para más inri, que, cuando se crea una historia sobre viajes al pasado, a menudo la idea de cambiarlo es precisamente el desencadenante de la historia, la idea de corregir cómo sucedió algo en el pasado. Y esto constituye el problema en sí mismo: si el viajero en el tiempo viaja al pasado con la intención de salvar a su prometida fallecida años antes, y lo consigue, no tendrá el motivo para viajar al pasado, no la salvará, ella morirá y estaremos de vuelta en la casilla de salida. Exactamente como la paradoja del abuelo. Probablemente en este momento algunos os estéis anticipando a esta exposición al pensar en la idea de las líneas temporales alternativas. Llegaremos a ello en breve.

Escena de Terminator
Terminator (1984)

Si ya la paradoja abierta que se da al hacer desaparecer el motivo del viaje al pasado echa por tierra el argumento de muchas historias de viajes en el tiempo, la cosa no queda ahí. Ya matizamos en el ejemplo del abuelo que el viajero podría haber provocado su muerte accidentalmente, es decir, sin relación con el motivo del viaje, no viajó al pasado para matar a su abuelo. ¿Podría una historia de viajes en el tiempo al pasado transcurrir sin que los personajes tuvieran la intención de cambiar nada y sin provocar cambios accidentales que comprometan el desarrollo de los acontecimientos y, por tanto, de la narrativa?

Y aquí es donde nos toca hablar sobre la teoría del caos y el efecto mariposa, según la cual el batir las alas de una mariposa podría acabar provocando un huracán en un lugar distante. Esto se debe a que un pequeño cambio en una variable de un sistema genera a su vez cambios en cascada en aquellas otras variables que dependan de la original. Lo que se conoce como un efecto dominó. Y cuanto más nos alejemos en el tiempo desde el momento del cambio en la variable original mayor será la cantidad de variables afectadas. Y además cuantas más variables se vean afectadas más posibilidades hay de que eventualmente se produzcan  variaciones de mayor magnitud y, por acumulación, un efecto “Bola de Nieve". Me viene a la cabeza un antiguo poema medieval:

Por un clavo se perdió una herradura,
por una herradura se perdió un caballo,
por un caballo se perdió un jinete,
por un jinete se perdió un mensaje,
por un mensaje se perdió una batalla,
por una batalla se perdió la guerra,
y por la guerra se perdió el reino...
Todo por un clavo.


Escena de Los Pasajeros del Tiempo
Los Pasajeros del Tiempo (1979)

Cuando hablamos de viajes en el tiempo al pasado ¿cuáles serían estas variables que no deberían ser alteradas so pena de provocar variaciones de forma descontrolada? Malas noticias: absolutamente todo. Cada momento es resultado del momento que le precede, cada pensamiento que pasa por nuestras cabezas es resultado de los que hemos tenido antes y resultará en los que tengamos posteriormente. No es lo mismo salir de casa un minuto antes o un minuto después. Eso afectará a la gente con la que te cruces y las interacciones que tengas con ella, a que un conductor te ceda el paso al llegar a una esquina, a los pensamientos que tengamos en cada momento sobre las cosas más triviales como el color de un coche o el de una chaqueta que no habríamos visto un minuto antes o después, y aquellos pensamientos en los que derivarán estos. Y el entorno, empezando por la gente, responderá a ello de una manera distinta. Como dije absolutamente todo son variables del sistema y es imposible que un agente externo al sistema, al introducirse en él, no provoque cambios. Un viajero en el tiempo que irrumpe en un pasado susceptible de ser cambiado lo hace inevitablemente. La paradoja del abuelo expone la situación en su forma más obvia, pero, en realidad, el mero hecho de que interfiriera en la vida de su abuelo, incluso de la forma más mínima, cambiaría toda la vida de este y, por tanto, su padre igualmente tampoco nacería. Su abuelo podría igualmente conocer a su abuela, tener un hijo en la misma época, y llamarlo igual… pero no sería la misma persona que fue su padre, porque es imposible que, habiendo cambiado algo en el curso de los acontecimientos previos, esa persona sea concebida exactamente en el mismo momento. Sería el equivalente a un hermano: mismos padres, distinta persona. La irrupción de un viajero en el tiempo en el pasado haría que este fuera extremadamente volátil.

Es interesante que dos de las mejores películas que ejemplifican la extrema sensibilidad a los cambios del curso de los acontecimientos no sean exactamente películas de viajes en el tiempo. La primera de ellas es un clásico ya, la comedia Atrapado en el Tiempo (1993) protagonizada por Bill Murray. Digo que no es una película sobre viajes en el tiempo porque realmente Phil Connors (Murray) no viaja en el tiempo, sino que repite una y otra vez el mismo día por alguna razón sobrenatural y subjetiva: algo o alguien, ¿Dios?, no le permitirá salir de ese día hasta que no acabe siendo mejor persona. Pues bien, durante parte del larguísimo tiempo que pasará repitiendo ese día, enfocará sus esfuerzos en seducir a su compañera de trabajo, Rita, (Andie McDowell), a base de ensayo y error, aprendiendo sobre ella y recreando continuamente lo que funcionó la vez anterior y cambiando lo que no. Y de repente, en uno de tantos días que no son sino el mismo, tienen un momento mágico, se miran el uno al otro, conectan, y la situación pide un beso a gritos. Sin embargo, son interrumpidos y el momento se estropea. Por supuesto Phil intentará recrear el momento en las posteriores versiones de ese día, pero una cosa es sorprenderla recitando poesía en francés que es algo que puedes decidir hacer una y otra vez, y otra conseguir controlar el universo de sutiles variables que llevaron a ese único y maravilloso momento. Por supuesto fracasa. Y aunque al final todo sale bien, y es seguro que luego tuvieron muchos momentos mágicos, nunca habría podido repetir exactamente aquel.
 

Escena de Atrapado en el Tiempo
Un momento mágico... e irrepetible. Atrapado en el Tiempo (1993)

La otra película es Dos Vidas en un Instante (1998), protagonizada por Gwyneth Paltrow y John Hannah. En realidad, son dos películas en una, ya que simultáneamente nos cuenta dos historias a partir de que algo ocurra o no, y este suceso es que la protagonista, Helen, tenga un pequeño tropiezo que le impide coger el metro o no. No hay una razón para ello dentro de la historia. Simplemente se nos ofrece, a partir de ese momento, dos versiones de la vida de Helen, la misma persona, pero de cómo transcurre a raíz de algo aparentemente trivial. Y absolutamente todo cambia. Y aunque en ambas historias Helen acabará conociendo a James (Hannah), lo hará en circunstancias muy distintas, la propia Helen será diferente. Que en ambas versiones de la historia acabe conociendo a James no es sino una licencia cinematográfica en pos de un final satisfactorio desde un punto de vista romántico, pero también se sirve de la respuesta de Helen a la frase de James (“ya sabes lo que dicen los Monty Python”) para evidenciar cuan diferente es una Helen de la otra.

Así que la conclusión a la que podríamos llegar es que toda historia sobre viajes en el tiempo donde un personaje cambia el pasado resulta incoherente. En realidad, no es exactamente así. Podemos crear una historia donde un viajero en el tiempo cambie el pasado sin que haya incoherencias introduciendo la idea de las líneas de tiempo alternativas. La línea temporal original permanecería inalterable sin comprometer la existencia del viajero y sus circunstancias, pero su llegada al pasado provocaría una ramificación en el tiempo creando una versión distinta, paralela, de dicha linea temporal. Tal como vemos en la mencionada Dos Vidas en un Instante.

Escena de Dos Vidas en un Instante
Dos Vidas en un Instante (1998)

Sin embargo, es precisamente esto lo que hace que una historia de viajes en el tiempo que hace uso de líneas del tiempo paralelas, si está bien planteada, pueda no tener los resultados que nos gustaría. Y es que si un personaje viaja al pasado para cambiarlo no lo conseguirá, solo creará una versión paralela distinta. Si, por ejemplo, viaja atrás en el tiempo desde un futuro postapocalíptico para evitarlo, en el mejor de los casos, solo conseguirá crear una línea del tiempo donde no se llegue a ese terrible futuro, pero no habrá cambiado la suya donde seguirá existiendo ese mundo destruido, con gente que seguirá sufriéndolo, y la cual nunca volverá a saber del viajero en el tiempo puesto que este ha pasado a formar parte de la línea alternativa.

Si el propósito del viaje al pasado fuera menos pretencioso y, en vez de salvar el mundo, por ejemplo, quisiera salvar a su prometida de una muerte provocada por un accidente… bueno, podría salvarla, pero en la línea original seguirá muerta. Ciertamente podría continuar su relación con ella en la línea paralela, pero para ello tendría un “pequeño” hándicap: ella ya está prometida con la versión de él de esa nueva línea temporal. Habría dos versiones de él en esa realidad. Eso que pasa en algunas películas de que el viajero cambia el pasado, vuelve a su época y todo está arreglado y todo es perfecto simplemente no tiene sentido. Si viaja al futuro de vuelta quizás se encuentre a su chica felizmente casada con él… pero con su otro él, el original de esa línea paralela. Y si pudiera volver de alguna forma a su línea de tiempo original… bueno, en ella nada cambió, la chica sigue muerta.

Escena de El Experimento Filadelfia
El Experimento Filadelfia (1984)

Aún no conozco ninguna historia donde un viaje en el tiempo al pasado consiga cambiarlo de una manera lógica y coherente. Y he visto muchísimas películas de viajes en el tiempo (y leído algunas cosas). Así que, por lo pronto, mientras a algún autor ingenioso no se le ocurra una forma convincente, cambiar el pasado es imposible incluso en la ficción. De ahí que muchas películas de viajes en el tiempo estén mal planteadas. Pero he dicho muchas… no todas. Porque hay películas de viajes en el tiempo donde el pasado no cambia.

Hay películas de viajes en el tiempo donde el viaje al pasado no cambia absolutamente nada. ¿Entonces, donde está la gracia? En ello precisamente. En el concepto de la paradoja cerrada, según el cual el pasado es historia y es imposible de cambiar, y la incursión del viajero en el mismo, precisa e inevitablemente, no hará otra cosa sino que ese pasado acabe teniendo lugar. Son historias donde habitualmente el viajero en el tiempo viaja a un pasado del que no sabe que ya formaba parte. Y aunque lo supiera no podría cambiar nada. ¿Es que el viajero se ve desprovisto de su libre albedrío? No exactamente, más bien el uso de ese libre albedrío le acabará llevado inevitablemente a ese destino. No es que le esté predestinado, es que ya sabemos el resultado que tendrán sus acciones.

Y precisamente eso hace que la paradoja cerrada sea bella, el hecho de que estas historias se permiten jugar con el espectador mostrándole anticipadamente, pistas, sucesos, detalles, que no son sino las consecuencias de acontecimientos que aún no han tenido lugar, pero que lo harán más tarde. Se cierran círculos, se atan cabos. Toda la trama acaba perfectamente (cuando se hace bien) rematada cuando llegamos al final. Por eso la paradoja cerrada es bella, porque, por un lado, no deja imperfecciones inaceptables como las incoherencias de la paradoja abierta, pero, por otro, tiene sus propios valores añadidos: supone una solución elegante, y un juego con el espectador. Y eso a pesar de que sigue siendo una paradoja, hay “imposibles” en ella, pero están ocultos y son muy curiosos.

Escena de Regreso al Futuro
Regreso al Futuro (1984)

Por ejemplo, hay una historia, no diré el nombre para no fastidiar el que alguien pueda encontrarla eventualmente y leerla, en la cual un experto en cierto autor se conoce todas sus obras. Entonces viaja al pasado para conocer a ese autor, pero no consigue encontrarlo por ninguna parte. Además, acaba atrapado en dicha época y no sabe hacer prácticamente nada con lo que ganarse la vida… así que decide escribir la primera de las obras de ese autor y publicarla, para ganar algo de dinero. Para no fastidiar la historia robándole al autor original su obra, decide firmarla con el nombre de aquel. Se le acaba el dinero y una obra acaba sucediendo a otra. Al final resulta que él ya era originalmente el autor en quien era experto. Solo que obviamente no lo sabía. El círculo se cierra, como las serpientes que se muerden la cola en un ouróboro. Esta es la elegancia de la paradoja cerrada. Pero… ¿Quién creó el texto original de aquellas obras?

Muchos de aquellos quienes crean historias sobre viajes en el tiempo para cine, tv, etc. demuestran sobradamente estar familiarizados con muchos de estos conceptos, y con los dos tipos de paradojas y sus efectos, y, sin embargo, a pesar de ellos, acabamos con obras que no los manejan bien en absoluto. De hecho, suelen mezclar paradojas abiertas y cerradas en una misma historia cuando, por definición, es imposible: o decides que las acciones del viajero en el tiempo son susceptibles de cambiar el pasado o que no lo son. No tiene sentido que la física de ese universo de ficción se rija por una u otra regla caprichosamente según el momento. No sin una muy buena explicación que yo aún no he visto en ninguna parte. 

Esto solo ha sido una breve introducción a lo que planeo que sea una serie de artículos sobre películas de viajes en el tiempo. En los siguientes artículos pondremos el foco ya directamente en el análisis del viaje en el tiempo en determinadas películas o sagas. Volveremos sobre los conceptos que hemos visto en este artículo aplicados a la obra en cuestión y nos pararemos a contemplar ciertas peculiaridades propias de cada una. No creo que me meta en series, aunque quizás haga alguna excepción o mencione algunas de pasada. Y en general los siguientes artículos de esta serie también dependerán del interés que despierten.


miércoles, 17 de abril de 2024

Las Gafas de Superman y su Identidad Secreta

Christopher Reeve como Clark Kent

Empecemos siendo claros y resaltando lo obvio: es imposible que una persona oculte su identidad con unas gafas. Ni con un antifaz ¿A alguien se le escapa cuando ve por primera vez La Princesa Prometida (1987) quien es el hombre de negro? Ni con una máscara que te cubra la parte inferior del rostro cuan ninja de Mortal Kombat y eso lo sabemos todos tras la pandemia. Quizás la mejor máscara de un superhéroe es la de Spider-Man y, si habla, igualmente se desvela el pastel. Pero estamos hablando de ficción y de un personaje al que le rebotan las balas, puede levantar un coche en vilo y volar. Ahora bien, partiendo de que es ficción, vamos a hacer hincapié en una serie de puntos que no la hacen más creíble pero sí un poquito menos increíble.

No todo el mundo estaría familiarizado con el rostro de Superman, y mucho menos con el de Clark Kent. En ese sentido lo primero que hay que tener en cuenta es que las primeras historias se desarrollan en la época en la que aparece por primera vez, en 1938. No había los medios de comunicación que hay hoy día y, si acaso, dentro de esa ficción, la mayor parte de la gente habría visto a Superman en fotos borrosas y en blanco y negro en los periódicos. Menos probable aún que hubieran visto la foto de un periodista que, es de suponer, pondría especial empeño en no aparecer en fotografías. Por eso a mí me parece absurdo que a alguien allá por los 70s se le ocurriera que era una buena idea que Clark dejara el Daily Planet para empezar a trabajar en un canal de televisión. Simplemente habría sido muy arriesgado.

Clark Kent contra el Superman malvado de Superman III
¿Podrían ser dos personas distintas o no? Reeve aportando una tercera personalidad.
 

También habría que tener en cuenta que las fotos no siempre te trasmiten bien cómo es físicamente una persona. Yo particularmente, para hacerme una idea de cómo es físicamente alguien a quien no he visto en persona, suelo necesitar ver al menos varias fotos. Una sola foto puede darte una imagen equivocada de cómo es la persona. Todos tenemos fotos en las que nos vemos mejor o peor.

Después está algo que posiblemente nos haya pasado a todos y es que ves continuamente a una determinada persona en su puesto de tu trabajo, siempre con el mismo uniforme, y un buen día la encuentras en cualquier otro lugar, con ropa de calle, y te saluda y, momentáneamente al menos, te desubica. Sabes que conoces a esa persona, pero verla en un contexto completamente distinto y con otras ropas te confunde. Lo más probable es que solo tardes minutos en recordar quien es, pero a veces puede que lo dejes pasar y no sea hasta la siguiente vez que veas a esa persona donde sueles verla para que caigas en la cuenta. Eso es algo que pasa. Y lo que caracteriza a los superhéroes en general y a Superman en particular, es su uniforme. Si hubieras visto alguna vez a Superman, en persona, que no es alguien a quien verías habitualmente, y lo vieras tiempo después como Clark Kent es posible que te quedara esa sensación de que te suena su cara. Pero además, si es que llegara a ocurrir  que volvieras a ver Superman, ya que Metrópolis es muy grande, probablemente la grandeza del acontecimiento eclipsaría que pudieras conectar ambas cosas.

Esbozos de Clark y Superman por el dibujante Frank Quitely.

Y a todo esto habría que sumarle que hay gente que se parece a otra gente. Así de pronto me viene a la cabeza el increíble parecido de Christian Bale con James Brolin (padre de Josh Brolin), el que tenía Millie Bobby Brown de pequeña con la actriz Elisabeth Perkins (Big, 1987) o cómo continuamente hay gente que confunden a Matt Damon y Mark Wahlberg o a Liam Neeson y Ralph Fiennes. Pero además, en general, es que estamos acostumbrados a ello. Hay mucha gente que te recuerda a otra porque simplemente hay conjuntos de rasgos físicos que se repiten con frecuencia y acaban convirtiéndose en caras familiares sin que, excepto casos muy exagerados, intentemos recordar a quien. 

El tercer punto que está muy relacionado con el primero y el segundo es que nadie espera ver a Superman a su lado. Precisamente, hablando de Superman, recuerdo que estando en el instituto había un chico alto, delgado, que se parecía mucho a Christopher Reeve y obviamente nunca pensé que fuera él, solo alguien que se le parecía mucho. Y un ejemplo muy curioso es una anécdota que experimentó el actor Henry Cavill, quien se fue a Times Square, en Nueva York y no solo no llevaba gafas, sino que además llevaba una camiseta con el logo de Superman. Y se plantó justo donde había carteles promocionando Batman V Superman (2016). Y solo dos personas le pararon: una para preguntarle por donde quedaba Central Station y otra para decirle que no podía hacerse fotos delante de su establecimiento.


El cuarto punto es uno muy popular por la demostración que nos hizo Christopher Reeve en Superman (1978) y es el cambio físico entre ambas identidades: la modulación de la voz y, sobre todo, la postura y el lenguaje corporal. El cambio de postura. Si a eso le añadimos que Superman, como cualquier superhéroe, siempre lleva el mismo uniforme que le caracteriza, que resalta su musculatura, y que atrae más la atención que su propio rostro, en contraposición a los trajes que lleva Clark, que disimula su físico… hay un cambio notable. Cambia el peinado, y las gafas incluso podrían estar ligeramente tintadas para hacer que sus ojos parecieran más oscuros. La actriz Anette O’Toole, que hizo de Lana Lang en Superman III (1983), estuvo rodando con Christopher Reeve todas las escenas en la que este hacía de Clark, y pasaron unos meses antes de rodar sus escenas con Superman, y esta fue su experiencia:

“La primera vez que entré en el set no le vi porque tenían una habitación separada para él cuando hacía de Superman porque tenía que ponerse un montón de maquillaje, peluca y toda esa clase de cosas. Le había visto en la pantalla como Superman, pero no en persona. Así que voy caminado para el set y el escenario estaba muy oscuro. Oigo una voz que dice “Hola, Annette” Miro a mi derecha y fue como mirar una montaña. No bromeo, empecé a tartamudear y tener escalofríos. Allí estaba Superman. Llevaba el traje y todo puesto y, hablando sobre ello ahora, me dan escalofríos solo de pensarlo. Fue asombroso… por primera vez realmente sentí que no sabía quién era. No era Chris Reeve. Hablaba de una forma diferente, y tenía una energía totalmente distinta."

Lo que hacía Christopher Reeve al interpretar a ambos personajes se mostraba claramente en esta escena de la primera película. Atención al momento en el que Clark ya está dentro del apartamento y mientras Lois se va un momento a la habitación de al lado:


Finalmente, algo de lo que nos habla John Byrne en la miniserie El Hombre de Acero y es cuando Lex Luthor despide a una empleada que le pone delante de las narices que Clark Kent es Superman. Y es que simplemente Luthor es incapaz de contemplar la posibilidad de que alguien como Superman, que es casi un dios con todos esos poderes, decida vivir en un apartamento más en Metrópolis, tener un trabajo más o menos regular, y que vaya por la vida con ropas ordinarias y gafas. Porque él, Luthor, no lo haría y los seres humanos tendemos a medir el mundo tomándonos a nosotros mismos como medida. Si mañana aparece un superhéroe que puede volar, lanzar rayos por los ojos y volar y se parece a tu cartero lo último que se te ocurría es pensar que ese ser superpoderoso se dedica a llevarte el correo cuando no está salvando el mundo. Si no lo quieres ver, no lo ves.

Hay una anécdota muy graciosa que contó Rowan Atkinson en el programa de Graham Norton y es que, estando con unos amigos, se dio cuenta de que había un hombre que no dejaba de mirarlo, hasta que se le acercó y le preguntó si no le habían dicho nunca que se parecía al Mr. Bean ese. Atkinson le dijo que él era el actor que interpretaba a Mr. Bean… y no le creyó. No solo eso, cuanto más insistía en que era él, menos le creía e incluso parecía molestarle sus insistencia, a pesar de lo cual, el hombre seguía pensando que tenía un parecido increíble con Mr. Bean.

Luthor no se cree que Clark sea Superman
"Ningún hombre con el poder de Superman se haría pasar por un simple humano"

Dicho todo esto, no deja ser increíble que la gente que trata habitualmente con Clark como Lois Lane, Jimmy Olsen, etc. no lo reconozca. O la gente de su entorno como los compañeros de oficina del Daily Planet o los que lo han conocido en su juventud en Smallville. En los cómics se ha ido, a veces, más allá, sacándose de la manga cosas como que las gafas están construidas con tecnología kryptoniana que producen un efecto hipnótico o de disasociación. Pero la respuesta más simple es: es ficción y ni Superman, ni Batman, ni el Zorro, ni el Pirata Roberts podrían ocultar su identidad con sus respectivas máscaras delante de la gente que está familiarizada con sus rostros.


viernes, 12 de abril de 2024

La S de Superman


Logo de Superman

Al principio, la S de Superman era justamente eso, una letra S la inicial del nombre Superman. Aparece en un escudo de forma heráldica o placa de policía en el pecho del personaje en la portada del Action Comics nº 1 de 1938 donde debutaba el personaje. Sin embargo, ya en las páginas del comic en sí la S aparecía enmarcada en un triángulo, y este a su vez con un marco en rojo.

Durante varios años esa fue la constante, una S en un triángulo, dibujada de manera irregular, a veces sin colorear o dibujar siquiera el borde del triángulo. Y no es hasta pasada la treintena de ejemplares de Action Comics cuando parece empezar a prestársele más atención a la forma del símbolo. Según los distintos dibujantes, algunas veces aparece más redondeado, como un escudo, y en otras empieza a recortarse las esquinas superiores dándole la forma característica de diamante. 

Ya algunos dibujantes apuntan pequeños detalles de diseño, como las serifas adornando principio y/o final de la S que acabará fusionándose con el borde también rojo. Al parecer es el principal dibujante del personaje, a principios de los 40, Wayne Boring, quien acabará diseñando en 1942 una versión oficial “definitiva” por encargo de la propia DC Comics con la intención de distinguir y proteger los derechos de marca del personaje.

Sobre esta base es la que se crearían múltiples variaciones a posteriori donde los cambios son mínimos y solo intentan mejorar el diseño llegando a su cenit con uno de los mejores dibujantes de Superman de todos los tiempos, Curt Swan. Y es la que a día de hoy sigue siendo reconocible mundialmente como la S de Superman.


Logos de Superman
Versiones del logo previas al diseño que todos conocemos.


Siempre digo que un personaje tan icónico como Superman, no queda definido por sus primeras apariciones como la primera versión que vemos en 1938, pendiente de pulir en muchos aspectos (incluyendo, como vemos, cosas como el diseño) ni tampoco por la última que se pone de moda en un momento dado (hay que agradecer que el Batman definitivo no sea el de Adam West) sino la imagen que trasciende en el tiempo. Y si bien en un principio podíamos aceptar que Superman llevara la inicial de su nombre en el pecho, a día de hoy, quien es Superman, lo que simboliza, hace que no tenga ningún sentido: alguien como Superman, tal como ha trascendido y lo concebimos hoy día, jamás se llamaría a sí mismo así (sería muy prepotente) ni llevaría la inicial de ese nombre en el pecho.

Honestamente, ignoro si es donde por primera vez se propone lo que para mí es una idea brillante, pero en Superman (1978), quizás para dejar muy claro quién es ese personaje, el Jor-El interpretado por Marlon Brando ya lleva la S en las escenas de Krypton. Y no solo eso, sino que podemos ver como los demás kryptonianos lucen en sus pechos símbolos similares, pero en los cuales ya no distinguimos la forma de otras letras. Esto subraya que no es una S pero vista por nuestros ojos lo parece. En realidad, es un glifo de una cultura alienígena cuya verdadera naturaleza desconocemos (no sabemos si es una letra, un símbolo o qué), pero que diferencia a cada uno de esos individuos, y que Kal-El, el hijo de Jor-El, alias “Superman” lo lleve en un futuro subraya que se trata del símbolo de su familia o al menos algo ligado a su linaje.

Y hay algo que me parece importante resaltar, y es que ni siquiera debemos dar por sentado que la forma de la S es la parte importante de ese símbolo. De pequeño yo era incapaz de ver la S. Lo llamaba la S de Superman porque otros niños lo llamaban así y tardé tiempo en darme cuenta de que ahí había efectivamente una letra S. Creo que tiene relación por cómo perciben los niños las formas y es algo que vi una vez en un documental: si a un niño pequeño le enseñas un cuadrado dividido en cuatro es muy posible que al intentar copiarlo lo que haga sea dibujar cuatro cuadrados separados. Me sentí muy identificado cuando en una entrevista, John Byrne, autor de la miniserie El Hombre de Acero, y quien renovó a Superman tras Crisis en Tierras Infinitas, dijo que él de pequeño no veía la S sino dos peces amarillos. Y esto te invita a ver las cosas de otra forma, a contemplar otras perspectivas, y es que incluso para distanciar más el logo de Superman de una letra S sería interesante contemplar la posibilidad de que los objetos con significancia en ese glifo alienígena fueran precisamente las partes amarillas. La forma triangular, la forma de diamante, podría ser meramente accesoria. Si solo pones las partes amarillas en una superficie completamente roja sigues viendo las mismas formas y sigues viendo la S y cuesta mucho volver a la visión de un niño que solo ve las partes amarillas pero si eres un alienígena, nunca has visto la letra S, y las formas amarillas tienen un significado para ti... Me parece muy atractiva la idea.

 

Superman logo sobre rojo

Esto de que ese glifo no es una S está muy bien planteado en la película de 1978: Clark usa el traje con la S tras haber recibido la llamada del cristal verde que creará para él la Fortaleza de la Soledad y a través de la cual conocerá su origen. Y es después de eso cuando Lois, a partir de las cosas que este superhombre puede hacer, y lo que a primera vista parece ser una S decidirá llamarlo Superman. Es un planteamiento brillante.

La miniserie El Hombre de Acero de John Byrne llega algunos años después y, aunque la película influye en él y le sugiere ciertas ideas, no respeta esa idea de la S como un glifo kryptoniano. Y eso desde mi punto de vista es un error ya que, como digo, la idea es brillante. En El Hombbre de Acero de Byrne la S es por Superman. Cuando diseña el traje con sus padres adoptivos, Jonathan y Martha, ya le han llamado Superman en el periódico y el glifo no aparece para nada en las escenas previas que hemos visto de Krypton. De hecho, en ese momento está muy lejos aún de conocer su origen kryptoniano. Esto de las pocas cosas que Byrne no hizo bien. Es prepotente que uno decida ponerse uno mismo como nombre Superman aunque te hayan llamado así en el periódico. No va con el personaje.

Tampoco lo hicieron bien en la serie de televisión Lois & Clark: Las Nuevas Aventuras de Superman, protagonizada por Dean Cain y Teri Hacther. Tras diseñar el traje, Martha piensa que le falta algo y saca una S que venía en la mantita en la que venía envuelto el pequeño Kal-El al llegar a la tierra. Y se la pone en el pecho y la espalda. Aunque no saben qué significado tiene ese glifo. Si el mundo fuera a explotar y decidieras enviar a tu hijo bebé en una nave espacial a otro planeta… tú sabrás en que mantita lo envuelves porque, si son tan lumbreras como los Kent de Lois & Clark, puede ser que estés dando origen en otro planeta a un superhéroe que lleve en el pecho el escudo del Atlético de Bilbao o el logo del Cola-Cao…


Logo de Superman de Zack Snyder
Logo del Superman de Zack Snyder (Man of Steel)


Y luego en alguna parte se empeñaron en darle un significado al glifo más allá de que fuera simplemente en el símbolo de la familia de El. Creo que la primera vez fue en Superman Birthright donde adopta el símbolo porque significa “un futuro mejor” y a eso le siguieron otras interpretaciones como en la película El Hombre de Acero (2013) de Zack Snyder donde dice que es un símbolo que significa "esperanza". No sé, me parece mucha casualidad que el que se va a convertir en el mayor héroe de la humanidad pertenezca a una familia cuyo emblema significa algo tan positivo.

Y un detalle que no me gusta mucho en la S del Superman de Zack Snyder, ni en la versión previa de Brandon Routh en Superman Returns (2006), es que se le da relieve a las partes rojas en el traje. Eso hace que definitivamente lo que percibimos como una S sea la parte importante del símbolo. Y a mí particularmente no me gusta esa porque reafirma más que nunca que eso es una S. Perdemos lo abstracto del glifo sujeto a interpretaciones. Ciertamente no es una S porque obviamente en Krypton tendrían otros caracteres, pero… no acaba de convencerme.

Y con esto llegamos al nuevo logo de la próxima película de Superman dirigida por James Gunn. Con nuevo logo. Probablemente con la intención de desligarlo de todo lo anterior a los ojos del público, que este sepa diferenciar el nuevo merchandising, y que los fabricantes del mismo se vean en la necesidad de pagar una nueva licencia. Está inspirado en el del cómic Kingdom Come ilustrado (no diría yo dibujado) por Alex Ross y el cual es un logo de Superman que nunca me ha gustado. Siempre he sido muy fan del clásico de siempre. Y este en concreto, el de la película de James Gunn no veo por dónde cogerlo. Las partes rojas prácticamente carecen de forma y aunque puedes ver una S condicionado porque sabes que es lo que debe haber ahí… a efectos prácticos es una franja roja cruzando la forma de diamante. Pero es que si antes he resaltado lo interesante que es jugar con la posibilidad de que las partes amarillas fueran las realmente significantes… en este nuevo logo las formas amarillas son tan insulsas como las rojas. A mí no me gusta. Volvamos a lo básico, por favor.

Logo de Superman de James Gunn
Logo del nuevo Superman de James Gunn

 

* La imagen del logo de Superman a través de los años 1934 hasta 1943 procede del artículo de la siguiente web: http://jamiekturner.weebly.com/blog/a-look-at-the-superman-logo-over-the-years

 


miércoles, 10 de abril de 2024

El Guardían entre el Centeno

 

Portada del una edición española
 

Es posible que El Guardian entre el Centeno sea uno de los libros más insulsos que he leído nunca. Pero también de los pocos que he leído varias veces. Hace años se lo presté a un amigo y no entendió porque el libro tiene tanta fama. Y hace unos meses un primo mío me dijo exactamente lo mismo y que lo había leído varias veces porque quería saber qué es lo que lo hacía tan especial a los ojos de tanta gente. Es uno de los libros más vendidos.

He empezado tildándolo de insulso y es que El Guardían entre el Centeno es el relato de un chico que, habiendo sido expulsado del colegio privado donde estudia, decide que en vez de irse directamente a casa pasará el fin de semana en la ciudad (New York). Nos cuenta en pasado las cosas que vivió durante ese fin de semana. Cosas simples, intrascendentes. No hay una gran aventura, no percibo en ella “un viaje del héroe”, un arco, una moraleja o algo así. El personaje no sabe muy bien a donde va, qué hacer, y nosotros como lectores menos. Y acaba en el mismo punto del que parte. Tal como yo lo veo no hay un desarrollo, un crecimiento, un cambio en el personaje.

Lo leí con unos 16 años, me lo recomendó un psicólogo y cuando volví y le mencioné que lo había leído pero no entendía que se suponía que debía sacar de él su respuesta fue desoladora: “no recuerdo porque te lo recomendé”.

Sin embargo, como digo, es un libro que he leído varias veces (no muchas) y es que se me hace ligero, cómodo. Y eso que ni siquiera me siento identificado con el protagonista, Holden Caulfield. Por ejemplo, él odia el cine, piensa que la gente de ese mundo son todas unas personas falsísimas, y que su hermano se prostituyó al usar su talento como escritor escribiendo guiones para Hollywood.

Y vamos descubriendo cosas como esta, que son las cosas que te podría contar cualquiera sobre sí mismo sin que te importen demasiado. Nos cuenta que le encantan las mujeres, que le parecen “graciosísimas”, de la percepción que tiene de la gente en general como personas falsas o hipócritas, o de cosas como que le gustaría poder llamar al autor de un libro que le haya parecido muy bueno para hablar con él. Nos habla de alguna chica que conoció, de su hermana pequeña Phoebe, de las cosas que le gustan a ella, del cariño que le tiene y de cómo le compró un disco ese fin de semana y se le acabó rompiendo. Todo son cosas muy mundanas, como si le pides a alguien que te escriba con detalle la historia de lo que hizo el fin de semana pasado. Así que ¿hay alguna razón para que Holden Caulfield te importe algo?

J.D. Salinger
 

Y creo que ahí reside la clave de su éxito. En que retrata la soledad, la falta de motivaciones, el descontento, la apatía de alguien que a pesar de ello hacer cosas (pequeñas), se mueve de un lugar a otro. Y creo que podemos ver en sus opiniones particulares, pero intrascendentes, un reflejo de las nuestras propias, de cómo valoramos, sea positiva o negativamente, ciertas cosas en las que otras personas ni siquiera reparan. Cosas en las que solo se fijan las personas que te aman, cosas en las que a veces piensan “si otros las vieran con mis ojos…”.

Este personaje, Holden, perdido, tiene una legión de lectores que están o han estado en esa misma situación, que no encajan en el mundo, que se sienten solos, incomprendidos o que sufren depresión. Y te hace pensar en lo irónico es que tanta gente pueda sentirse identificada a ese nivel con alguien que no es sino un personaje de ficción. Es como “me siento solo, las cosas que me importan a mí no le importan a nadie, pero si en vez de ser una persona real fuera un personaje de ficción, como Holden, mucha gente empatizaría conmigo”. Y creo que es un pensamiento duro. Y creo que es por eso que la gente que no ha pasado por estas circunstancias no acaban conectando con el libro.

Al parecer a J.D. Salinger, el autor, se le acercaba mucha gente para decirle “yo soy Holden” como signo de haberse identificado con el personaje, y a él le molestaba, porque Holden era él. Quizás no era un alivio que buscando simplemente expresar cómo se sentía él otros vinieran a decirle que se sentían igual.

O no sé, lo mismo todo esto que he escrito es solo mi forma de percibirlo. Tengo que reconocer que este es uno de los pocos artículos que he escrito sin estar más o menos seguro de mis opiniones. El Guardián entre el Centeno es un libro extraño, asociado a personajes que no acaban sintiéndose cómodos en el mundo. Desde criminales como el tipo que asesinó a John Lennon a grandes actrices como Wynona Ryder para lo cual es su libro favorito o personajes como el que interpreta Mel Gibson en Conspiración (1997).

Pensado en Wynona Ryder me hace pensar que es posible que posiblemente Holden le influyó a la hora de preparar su personaje en Inocencia Interrumpida (1999).

Un par de apuntes más: hay una película protagonizada por Nicholas Hoult sobre J.D. Salinger titulada Rebelde entre el Centeno (2017). También hay una estupenda película titulada Descubriendo a Forrester (2000) en la que el personaje interpretado por Sean Connery estaba inspirado en Salinger.



viernes, 15 de marzo de 2024

Batman no Mata

Ilustraciñon de Batman sujetando una pistola.

Creo que han sido varias veces en las que Zack Snyder ha defendido su versión del Universo DC argumentando algo así como que esos personajes, si fueran reales, sí matarían en un momento u otro, y que aquellos que critican sus películas no tienen una visión adulta, realista, del tema.

Es curiosa la paradoja de que fuera el propio Zack Snyder quien adaptara Watchmen (2009) pareciendo no entender que esa era precisamente la premisa en la que se basaba el comic de Alan Moore. Y es que, como ya escribí hace años en este blog, Alan Moore consideraba que el concepto del superhéroe es meramente infantil, expresamente creado para entretener a niños y que no es razonable desde una perspectiva adulta. Lo que Moore venía a decir en Watchmen es: si existieran personas como los superhéroes en el mundo real, con esos disfraces, esos principios y toda esa parafernalia… serían fácilmente seres disfuncionales, llenos de complejos e inseguridades, mentalmente inestables y, sobre todo, probablemente con una ética cuestionable.

Aunque el Watchmen de Zack Snyder es una obra interesante, y espectacular visualmente, en ella se diluye, mucho, todo ese mensaje del comic original de Moore. Sus versiones no trasmiten el patetismo y la decadencia que deberían. Al contrario, son superhéroes al uso, épicos. Su Buho Nocturno o Silk Spectre son admirables. Incluso Rorschach o el Dr. Manhattan. Recordemos que originalmente Moore había querido hacer su obra con personajes de la editorial Charlton Comics que habían sido adquiridos por DC Comics para incorporarlos a su universo, y sospecho que la razón por la que se negaron a que Moore los usara es que anticiparon que dichos personajes podían acabar marcados de por vida con la obra de Moore. Así que Moore creó su propia versión de esos personajes con un Blue Beetle que se llama Búho Nocturno, un Question que se llama Rorschach y así con todos…

Y la paradoja es que, tras haber fracasado en adaptar fidedignamente Watchmen, perdiendo ese concepto de fondo, haya querido dárselo a los personajes del Universo DC oficial. Que haya querido hacer con Superman, Batman y demás lo que a Moore le negaron a hacer con personajes como Blue Beetle o The Question.

Los personajes de Watchmen
Los superheroes disfuncionales de Watchmen.

No, Zack, no. Lo que queremos del Universo DC en el cine no es eso. Eso que en el Universo DC solo ocurre en historias alternativas (los llamados Elseworlds) ya lo han estado haciendo otros, tanto en cómics como en imagen real y nos ha traído cosas como The Boys. Pero necesitamos un Universo DC limpio, integro, lleno de ideales más grandes que la vida misma. Superman debe ser lo que aspiremos a ser (en cuestión de principios e ideales, obviamente), no lo que serían la mayor parte de las personas reales si tuvieran superpoderes. Y como ya dije en su día, yo no comparto la perspectiva de Moore de que los cómics de superhéroes solo deban ser para niños… pero porque hubo (hay) autores maravillosos que hicieron cómics de estos personajes idealizados, icónicos, que siguen siendo una buena lectura tanto para niños como adolescentes y adultos. Por ejemplo, todo lo que tuvimos tras Crisis en Tierras Infinitas.

Y con esto llegamos a Batman. No recuerdo un solo Batman cinematográfico desde el de Tim Burton y Michael Keaton de 1989 que no haya provocado muertes. Es posible que se me pase alguno por alto. Pero es lo que Snyder especialmente no parece entender: ni Superman ni Batman mata. Ni la inmensa mayoría de los superhéroes de DC o Marvel Comics. Pero en esta ocasión nos centraremos en Batman.

Siempre digo que un personaje icónico no es el que fue en su origen en su primera publicación ni la última versión que le hayamos conocido sino la imagen que trasciende y perdura en el tiempo. Y en este caso hay una razón por la que Batman no mata y es que él mismo es el resultado de un asesinato. Me gusta mucho el concepto de que en el callejón del crimen no solo murieron Thomas y Martha Wayne cuando fueron atacados por un ladrón de poca monta, nervioso y con gatillo fácil. Sino que también lo hizo el pequeño Bruce Wayne. En ese callejón murió, y nació otra cosa donde hasta ese momento se había alojado la inocencia de un niño, nació Batman.

Imagen de Bruce Wayne junto a sus padres asesinados
El nacimiento de Batman.

Y es lo que Batman no quiere que se repita, es lo que sale a hacer cada noche, a intentar evitar otros asesinatos, otros huérfanos, etc. El rechazo a coger un arma de fuego, una pistola, el quitar una vida, es algo que está profundamente grabado en su naturaleza, en su alma. Y es de suponer que eso se debería extender a tener un Batmobil que suelte bombas, lance misiles o un Batwing equipado con ametralladoras.

Por eso, siempre según los cómics, el tipo se disfraza de murciélago. Es la ventaja que necesita si pretende enfrentarse desarmado a criminales que no lo están. Históricamente las armas cuerpo a cuerpo como las espadas perdieron su razón de ser con la llegada de las armas de fuego. Nada puedes hacer desarmado contra alguien que tiene una pistola. La frase que marca el origen de Batman es esa de que “los criminales son supersticiosos y cobardes” y más allá de que eso sea cierto o no, es sobre lo que se cimienta lo que no deja de ser un personaje de ficción. Vestirse de murciélago, hacer creer que es algo sobrenatural, le da una ventaja sobre aquellos que efectivamente van armados. Y es algo que traslada muy bien Frank Miller en Batman Año Uno. Incluso en Dark Knight Returns apostilla una idea que siempre me ha gustado mucho y es que el logo del murciélago en el ovoide amarillo en el pecho es realmente una diana: “si alguien me va a disparar voy a tentarlo a que lo haga en el pecho… puedo blindarme el pecho (se entiende que con un chaleco antibalas bajo la ropa) pero no la cabeza”. Básicamente, si Batman no tuviera problema en coger armas de fuego no sería Batman, sería The Punisher de Marvel Comics.

Cierto es que el proto superhéroe en el que se basa (copia) Batman sí lleva armas de fuego: The Phantom, de Lee Falk, conocido en España como El Hombre Enmascarado. Kit Walker es el enésimo descendiente de alguien que juró luchar contra los criminales, piratas en su día, y que de padres a hijos se van sucediendo en esa misión. El entorno de las aventuras de The Phantom suelen ser las junglas de Bengala y allí tiene su guarida en una cueva cuya entrada parece una calavera. La principal ventaja de The Phantom, que ya lleva un traje de superhéroe años antes de que se acuñe el término, es la leyenda de lo sobrenatural que hay en torno a él, de que es un espíritu, un ser inmortal, al haber protegido el lugar desde siempre, siglo tras siglo. La diferencia es que, aunque la superstición ayuda… un par de pistolas no vienen mal. Simplemente Batman necesita más de superstición porque, por sus razones particulares, ha decidido rehusar el uso de armas de fuego. Pero es un problema que The Phantom no tiene y que te tengan por algo sobrenatural igualmente ayuda.

Ilustración de The Phantom
The Phantom, el Espíritu que Camina.

Si Batman no tuviera reparos en matar, en llevar armas de fuego, simplemente el disfraz de murciélago sobraría. O de lo contrario desde Harry el Sucio hasta John Wick habrían llevado disfraces. No es lo mismo tirar de superstición y leyenda sobrenatural en la jungla de Bengala que en las de asfalto. La verdad es que tanto en el cine como en los propios cómics a menudo no se ha sabido cuidar ese aspecto del personaje, se ha dejado de lado el que esté en las sombras y sea misterioso. Cierto es que llevar un traje de superhéroe sobre un cuerpo musculado y acuñar éxitos en la lucha contra el crimen, y sin usar armas, puede dar a entender a los criminales que en un universo como el de DC, lleno de personas con superpoderes, implica que también los tienes y funcionar de la misma forma disuasoria que la posibilidad de que seas un ser sobrenatural. Pero sigue siendo arriesgado: a Superman le siguen disparando.

Es por eso que, aunque El Caballero Oscuro (2008) de Christopher Nolan me resultó una buena película, no la vi bien como adaptación del personaje de Batman. En Batman Begins la atmósfera de la película tenía ese tono irreal que hacía plausible el creer que la pantomima de Batman funcione. En cambio, El Caballero Oscuro tiene una atmósfera tan “realista”, tan lejos de esa Gotham de arquitectura gótica y atemporal, en un mundo sin otros superhéroes, y con ese coche tanque… que básicamente te preguntas ¿realmente necesita el motivo del murciélago en el traje? ¿las orejitas o la capa?

Y ya que estamos, creo oportuno hablar de eso de que “Batman no tiene superpoderes”. Esto es falso. Tiene el principal poder que cuenta cuando hablamos de cómics de superhéroes y es el del guion: nadie real, sin poderes, puede hacer todo lo que hace Batman. Sin contar todas las competencias atléticas y artes marciales que domina Batman, continuamente hace cosas imposibles. Si golpeas el abdomen del increíble Hulk con el fin de hacerle soltar el aire en sus pulmones lo que ocurre es que te rompes. En el caso concreto, aquel crossover Marvel-DC, a Batman le habrían salido los huesos de la pierna por la cadera. En ese mismo comic Hulk le lanza un coche y él, de un salto, sin tomar carrerilla si quiera (tampoco le habría dado tiempo), lo atraviesa entrando por una ventanilla lateral y saliendo por la opuesta. Batman es un tío que esquiva balas, es de suponer que anticipándose a que el tirador apriete el gatillo, pero incluso así es imposible sobrevivir durante mucho tiempo. Sin contar el desgaste físico como nos recordaba El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace (2012).

La imposible forma en la que Batman venció a Hulk.
 

Resumiendo, si vas a dejar caer bombas, lanzar misiles, llevar ametralladoras en tus vehículos, conducir de manera temeraria provocando que aquellos a los que persigues se despeñen… no tiene mucho sentido que no uses armas de fuego a no ser que simplemente sea una fobia patológica por la que no puedas soportar tener una pistola en la mano. ¿Es esa la kryptonita de Batman? ¿Tiene pesadillas en las que tiene una pistola en la mano y no la puede soltar?


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