Para
empezar el subtitulado tiene un hándicap: no es un elemento realmente
cinematográfico sino que, al contrario que la banda de sonido, si supone un
elemento añadido. Las películas no se hacen pensando que el espectador se vaya
a pasar todo el metraje leyendo líneas de texto. Ningún director comercial
americano, a pesar de conocer la proyección mundial de la industria de su país,
dirige los diálogos de sus actores acordándose del espectador-lector
extranjero.
Que
el subtitulado es un elemento extraño dentro del lenguaje cinematográfico queda
patente, por ejemplo, en el hecho de que en USA, la mayor parte de las veces,
no subtitulan sus propias películas en momentos en los que si deberían hacerlo:
hay películas americanas en las que los protagonistas, personajes americanos,
están en algún país en el que el idioma no es el inglés, y aparecen personajes
secundarios de dicho país hablando entre ellos en inglés aún cuando los
protagonistas no están presentes en la escena. A veces incluso cuando los
actores que los interpretan son de dicha nacionalidad.
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Javier le pide reiteradamente a Penélope que hable en inglés delante de
Scarlett Johansson ya que si no los espectadores americanos no entenderán nada. |
Mayor
es el problema en las películas donde absolutamente ninguno de los personajes
debería hablar inglés ya que los actores tendrían que aprender sus frases en el
idioma correspondiente. Es el caso, por ejemplo, de la película La Misión (1986), protagonizada por
Robert DeNiro y Jeremy Irons y en la cual los personajes deberían hablar en
español y portugués a pesar de lo cual su versión original es en inglés. Si nos
paramos a pensar en unos momentos nos daremos cuenta de la magnitud del problema
en cuestión: Doctor Zhivago (1965), Scaramouche (1952), El Cid (1961), Quo Vadis (1951), por citar algunos títulos de una lista interminable. Comercialmente, en
Estados Unidos, es inviable. A veces se ha hecho, como cosa curiosa, como
ocurre con La Pasión de Cristo (2004)
o Apokalipto (2006), ambas de Mel
Gibson, pero la industria tiene bastante claro que los subtítulos no son
gratos.
Es
decir, en Estados Unidos, donde está la llamada meca del cine, el país cuya
producción cinematográfica ocupa el grueso de nuestras carteleras, no se
consideran los subtítulos como un elemento cinematográfico más y desde luego
tampoco como algo necesario. Les parece más apropiado que los personajes hablen
el idioma del espectador, en este caso el inglés, independientemente de lo
ilógico que esto pueda resultar, a que hablen otra lengua y esta aparezca
subtitulada. Los subtítulos son, por su propia naturaleza, un elemento
distanciador: en
La Guerra de las
Galaxias (1977), es interesante observar que personajes
protagonistas pero
ininteligibles como son Chewbacca o el androide R2-D2 no son
subtitulados
mientras si lo son personajes alienígenas como Jabba, Boba Fett o Greedo
los
cuales si tienen una lengua parecida a la humana: el subtitulo se
utiliza expresamente para hacer distantes a estos personajes cuya lengua
no debería
sernos más extraña que la de los propios protagonistas, los cuales
tampoco
hablan ninguna lengua que se hable en nuestro planeta.
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Jabba el Hutt acoge a todo aquel que no sepa o quiera hablar inglés en esa galaxia muy lejana. |
Por
otro lado, si el espectador se pasa la película leyendo los rótulos, se está
perdiendo otros elementos en pantalla, que pueden ser tanto gestos,
expresiones, de los propios actores como detalles sutiles que a la larga pueden
tener cierto peso en el desarrollo de la trama. Tampoco es fácil que el
espectador se quede con los matices de los diálogos originales si resulta que
está oyendo frases en una lengua y a la vez está leyendo algo que, aún
significando lo mismo, está en un idioma distinto. El problema es menor cuando
uno está familiarizado con el idioma como es el caso del inglés pero en uno como el japonés o el
ruso, sin conocerlo, la cosa se convierte en una misión imposible.
Otra
cosa que se suele argumentar en contra del doblaje en España es que, al ser las
palabras en español más largas que las de la lengua inglesa, para igualar la
duración de los diálogos y encajarlos fonéticamente, se cambia lo que los personajes dicen. Esto no es un
argumento válido a favor del subtitulado traducido ya que cuando el diálogo es rápido o las líneas son extensas ocurre exactamente lo
mismo buscando que pueda dar tiempo a leerlo. Por otro lado detrás de un doblaje siempre hay profesionales de la traducción (aunque a veces cometan errores) no siendo así necesariamente detrás de un subtitulado.
En
Estados Unidos el cine subtitulado lo ven los cinéfilos, los críticos y en
general aquellos que muestran cierto interés por lo que se hace mas allá de sus
fronteras pero es simplemente impensable que el adolescente o adulto medio
americano vaya una noche de viernes al cine con los amigos a ver una película
sueca, alemana o española subtitulada mientras come palomitas y bebe Coca-Cola.
En Estados Unidos ninguna película extranjera subtitulada va a arrasar en
taquilla. Probablemente ni siquiera va a tener una distribución amplia.
Si,
es cierto que esto si ocurre en otros países, en los que el cine comercial
americano se ve subtitulado: países en los que no tienen otra opción. Son
países en los que en su momento no se creó una infraestructura y cultura del
doblaje como la ha habido en otros países como España, Francia, Italia o
Alemania y por lo tanto desarrolló un sistema paralelo, que a la postre y como
efecto colateral les ha resultado provechoso para conocer otras lenguas. La
idea de que una película subtitulada es mejor que una doblada por el hecho de
que oyes al mismo actor al que estás viendo es relativa. Pensar que todo actor
que aparece en la pantalla es, por sistema, mejor que todo actor de doblaje,
muchos de los cuales también hacen cine, televisión y hasta teatro no obedece a
ninguna razón objetiva. En el doblaje hay muy buenos actores cuya labor es
precisamente la que hacen los actores americanos al interpretar, por poner un
ejemplo, a Julio Cesar en inglés: acercar un personaje al espectador en una
lengua que este conozca.
Los realizadores y el doblaje
Como
decíamos los directores americanos se despreocupan bastante por el público que
va a ver sus películas incluso cuando, como ocurre hoy día, la mayor parte de
los ingresos de una película americana vienen de fuera de Estados Unidos:
podrían exigir cláusulas en los contratos que impidieran doblarlas o bien
inmiscuirse en el proceso de doblaje pero no suelen hacer ni lo uno ni lo otro.
Lo primero realmente no les conviene porque las productoras jamás aceptarían
una cláusula de ese tipo, so pena de perder mercados como el español. En cuanto
a que el director se inmiscuya en el proceso de doblaje a la mayoría les
resulta más cómodo no hacerlo. Por todo lo cual aceptan el hecho de que la
productora va a doblar la película en ciertos mercados y lo hacen con su firma
en el contrato.
Pero
no todos los realizadores están en contra del doblaje ni piensan que sustituir
los diálogos del actor original sea nocivo para el personaje. Woody Allen no
está a favor del doblaje, lo ha hecho patente en alguna ocasión, pero, por otro
lado, dista mucho de estar “en contra” habiendo dado muestras de agradecimiento
y afecto tanto al fallecido Miguel Ángel Valdivieso como a Joan Pera, los
actores de doblaje que le han puesto la voz en España. Para Alfred Hitchcock y
Stanley Kubrick, por ejemplo, la imagen debía permanecer tal como ellos la
habían concebido sin elementos extraños como el que supone el subtitulado y, en
este sentido, para ellos, el doblaje era un mal menor. Por otro lado hay algo
que los realizadores hacen hoy día y que han hecho siempre: contratar a un
actor extranjero que no habla la lengua en la que se rueda la película a
sabiendas de que posteriormente se le va a tener que doblar como por ejemplo
ocurría con Burt Lancaster en El
Gatopardo (1963).
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Woody Allen y Joan Pera, actor que
le presta su voz en España |
Conclusiones
Indudablemente
para apreciar a un actor como Al Pacino en toda su magnitud hay que ver la
película en inglés y oír a Al Pacino, no a Ricardo Solans, actor que le presta
su voz en España, pero también hay que entender inglés y estar pendiente de Al
Pacino, no de los rótulos que aparecen a pie de pantalla. Pero es que se da el
caso, y es lo que mucha gente parece no querer entender, que el público en
general no va al cine a deleitarse con lo gran actor que es Al Pacino sino a
disfrutar con la película donde el actor americano es una pieza entre otras a
la hora de construir un personaje y por ello, y para ellos, la función del
actor de doblaje es eficaz: disfrutan de la película. Es más, si un espectador
tiene una desmedida preocupación por oír a Al Pacino quizás nunca llegue a oír
a su personaje.
Si
en Estados Unidos doblaran el cine español en vez de subtitularlo ello sería
tan bueno para ellos como para nosotros. Sería una forma de acercarles nuestra
cultura, nuestras historias y nuestros personajes a los chavales americanos los
cuales podrían disfrutar de ellas un viernes por la noche con las palomitas y
Coca-Colas que decíamos antes. Ello beneficiaría nuestra empobrecida, que no
pobre, industria cinematográfica. Pero no es así, ellos saben perfectamente que
algo como un subtítulo es una barrera. Para llevar al gran público americano
una historia extranjera, ya sea española o de cualquier otra nacionalidad, en
Estados Unidos no solo se les cambia las voces a los personajes… sino que se
vuelve a hacer la película desde cero: Vanilla
Sky (2001) o Quarantine (2008) en
vez de Abre los Ojos (1997) o REC (2007). Creo yo que muchos actores
españoles preferirían que los doblaran en Estados Unidos y de ese modo ser
caras conocidas para los espectadores americanos a verse suplantados por
actores de allí. Cuando una película americana es doblada al castellano sigue
siendo una película americana la que cosecha éxitos pero cuando una película
española, francesa o de cualquier otra nacionalidad es rehecha en Estados
Unidos quien cosecha el éxito o el fracaso es igualmente la película americana,
no la película original.
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Si en Estados Unidos gustaran los subtítulos no tendríamos esto. Si doblaran las películas tampoco. |
Una
película doblada es un producto opcional, no un sustituto del original, que las
distribuidoras ponen a disposición de un sector concreto del mercado y ello se
hace, como ocurre con todo en la sociedad en la que vivimos, en base a la aceptación
que tiene el producto. Alguien podría alegar que no es una opción porque hay
espectadores que preferirían verlas en versión original y no pueden porque en
los cines que tienen cerca solo las proyectan dobladas: bueno, es como todo,
los productos se comercializan en función de su demanda y si la de versión
original no es satisfecha es probablemente porque a las empresas interesadas
(distribuidoras, salas de proyección, etc.) no les sale rentable.
Yo
recomiendo que si uno domina el idioma lo suficiente vea la película en versión
original, que si no lo domina del todo y quiere aprenderlo o mejorarlo lo haga
viendo la película en versión original con los subtítulos en el mismo idioma y
que si no domina el idioma y quiere disfrutar de la película la vea en versión
doblada. Los subtítulos traducidos son adecuados cuando no se conoce el idioma y no está disponible
doblada al castellano o se tiene problemas auditivos.
Una recomendación final para aquellos que quieran saber un poco más sobre el doblaje en España: el documental Voces en Imágenes (2008)