viernes, 11 de octubre de 2024

Viajes en el Tiempo en el Cine

Escena de El Tiempo en sus Manos

Mi género cinematográfico favorito siempre ha sido el de la ciencia ficción. Y uno de los varios subgéneros que abarca, que me ha llamado mucho siempre la atención, es el de los viajes en el tiempo. Pero tengo un pequeño problema con este subgénero y es que una gran parte, por no decir la mayoría, de las películas de viajes en el tiempo, están llenas de incoherencias. Simplemente están mal planteadas. En cuanto oigo de una nueva película o serie, que trata sobre viajes en el tiempo, mi escepticismo hace acto de presencia. Y no digamos ya cuando se da en una saga establecida, como ocurrió con el Marvel Cimematic Universe o el último Indiana Jones. Pero supongo que por ello me resulta especialmente gratificante cuando lo hacen bien y más aún si además hay una buena historia de por medio. No es algo que ocurra a menudo.

Cuando hablo de este tema, suele  haber alguien que me señala que los viajes en el tiempo no existen, que son ficción y que, por tanto, esas películas no pueden estar mal planteadas. En realidad, esto no funciona así. Por mucho que algo sea ficción, o fantasía, tiene que haber una mínima coherencia en lo que se cuenta, al margen de si es posible o no.

Por ello debo aclarar que, al hablar de los errores que suelen cometer las películas de viajes en el tiempo, no voy a entrar mucho en si es posible o no viajar en el tiempo según los métodos que plantean estas películas. Es ciencia ficción (a veces incluso fantasía), y aunque he visto a físicos cuestionar detalles al respecto, yo, particularmente, suelo aceptar que simplemente el método o la máquina funciona sin mucha reticencia. Quizás porque no soy físico, pero más que nada porque el mayor escollo que veo en estas películas suele estar en algo mucho más básico y es en la simple lógica y la coherencia narrativa.

Escena de El Final de la Cuenta Atrás
El Final de la Cuenta Atrás (1980)

Estas fallas en la narrativa a las que me refiero solo se dan cuando se trata de viajes en el tiempo al pasado y debido precisamente a la alteración del mismo. El viaje en el tiempo al futuro, por sí solo, no plantea problema alguno ya que, a efectos prácticos, es como despertar en el futuro y continuar con la linealidad del tiempo. Pero si tenemos viajes en el tiempo al futuro, y viajes de regreso, los cuales serían viajes al pasado respecto a ese futuro del que se vuelve, volvemos a encontrarnos con la posibilidad de que aparezcan incoherencias en la narrativa. Insisto, en la narrativa. No sabemos qué ocurriría si realmente pudiéramos viajar al pasado y alterarlo, no sabemos cómo respondería a ello la física, nuestro universo. Pero, cuando se plantea en la narrativa de ficción, empiezan a aparecer estas incoherencias, sinsentidos y cabos sueltos.

Son historias que tratan sobre viajeros en el tiempo que se trasladan al pasado e interfieren en el transcurso de lo que ya ocurrió, cambiándolo. Con esto nos encontramos lo que se conoce como paradoja abierta, a la cual también se llama paradoja del abuelo por el siguiente ejemplo estereotípico: un viajero en el tiempo viaja al pasado y accidentalmente (o no) mata a su abuelo antes de que haya tenido ningún hijo. Por tanto, el padre del viajero nunca nacerá, a su vez este tampoco lo hará y no podrá viajar al pasado y provocar la muerte de su abuelo. La paradoja abierta supone un problema enorme en la coherencia de la narrativa porque, como vemos, la consecuencia del cambio desbarata la sucesión de acontecimientos que dieron lugar a que el propio cambio fuera posible.

Y la cosa es, para más inri, que, cuando se crea una historia sobre viajes al pasado, a menudo la idea de cambiarlo es precisamente el desencadenante de la historia, la idea de corregir cómo sucedió algo en el pasado. Y esto constituye el problema en sí mismo: si el viajero en el tiempo viaja al pasado con la intención de salvar a su prometida fallecida años antes, y lo consigue, no tendrá el motivo para viajar al pasado, no la salvará, ella morirá y estaremos de vuelta en la casilla de salida. Exactamente como la paradoja del abuelo. Probablemente en este momento algunos os estéis anticipando a esta exposición al pensar en la idea de las líneas temporales alternativas. Llegaremos a ello en breve.

Escena de Terminator
Terminator (1984)

Si ya la paradoja abierta que se da al hacer desaparecer el motivo del viaje al pasado echa por tierra el argumento de muchas historias de viajes en el tiempo, la cosa no queda ahí. Ya matizamos en el ejemplo del abuelo que el viajero podría haber provocado su muerte accidentalmente, es decir, sin relación con el motivo del viaje, no viajó al pasado para matar a su abuelo. ¿Podría una historia de viajes en el tiempo al pasado transcurrir sin que los personajes tuvieran la intención de cambiar nada y sin provocar cambios accidentales que comprometan el desarrollo de los acontecimientos y, por tanto, de la narrativa?

Y aquí es donde nos toca hablar sobre la teoría del caos y el efecto mariposa, según la cual el batir las alas de una mariposa podría acabar provocando un huracán en un lugar distante. Esto se debe a que un pequeño cambio en una variable de un sistema genera a su vez cambios en cascada en aquellas otras variables que dependan de la original. Lo que se conoce como un efecto dominó. Y cuanto más nos alejemos en el tiempo desde el momento del cambio en la variable original mayor será la cantidad de variables afectadas. Y además cuantas más variables se vean afectadas más posibilidades hay de que eventualmente se produzcan  variaciones de mayor magnitud y, por acumulación, un efecto “Bola de Nieve". Me viene a la cabeza un antiguo poema medieval:

Por un clavo se perdió una herradura,
por una herradura se perdió un caballo,
por un caballo se perdió un jinete,
por un jinete se perdió un mensaje,
por un mensaje se perdió una batalla,
por una batalla se perdió la guerra,
y por la guerra se perdió el reino...
Todo por un clavo.


Escena de Los Pasajeros del Tiempo
Los Pasajeros del Tiempo (1979)

Cuando hablamos de viajes en el tiempo al pasado ¿cuáles serían estas variables que no deberían ser alteradas so pena de provocar variaciones de forma descontrolada? Malas noticias: absolutamente todo. Cada momento es resultado del momento que le precede, cada pensamiento que pasa por nuestras cabezas es resultado de los que hemos tenido antes y resultará en los que tengamos posteriormente. No es lo mismo salir de casa un minuto antes o un minuto después. Eso afectará a la gente con la que te cruces y las interacciones que tengas con ella, a que un conductor te ceda el paso al llegar a una esquina, a los pensamientos que tengamos en cada momento sobre las cosas más triviales como el color de un coche o el de una chaqueta que no habríamos visto un minuto antes o después, y aquellos pensamientos en los que derivarán estos. Y el entorno, empezando por la gente, responderá a ello de una manera distinta. Como dije absolutamente todo son variables del sistema y es imposible que un agente externo al sistema, al introducirse en él, no provoque cambios. Un viajero en el tiempo que irrumpe en un pasado susceptible de ser cambiado lo hace inevitablemente. La paradoja del abuelo expone la situación en su forma más obvia, pero, en realidad, el mero hecho de que interfiriera en la vida de su abuelo, incluso de la forma más mínima, cambiaría toda la vida de este y, por tanto, su padre igualmente tampoco nacería. Su abuelo podría igualmente conocer a su abuela, tener un hijo en la misma época, y llamarlo igual… pero no sería la misma persona que fue su padre, porque es imposible que, habiendo cambiado algo en el curso de los acontecimientos previos, esa persona sea concebida exactamente en el mismo momento. Sería el equivalente a un hermano: mismos padres, distinta persona. La irrupción de un viajero en el tiempo en el pasado haría que este fuera extremadamente volátil.

Es interesante que dos de las mejores películas que ejemplifican la extrema sensibilidad a los cambios del curso de los acontecimientos no sean exactamente películas de viajes en el tiempo. La primera de ellas es un clásico ya, la comedia Atrapado en el Tiempo (1993) protagonizada por Bill Murray. Digo que no es una película sobre viajes en el tiempo porque realmente Phil Connors (Murray) no viaja en el tiempo, sino que repite una y otra vez el mismo día por alguna razón sobrenatural y subjetiva: algo o alguien, ¿Dios?, no le permitirá salir de ese día hasta que no acabe siendo mejor persona. Pues bien, durante parte del larguísimo tiempo que pasará repitiendo ese día, enfocará sus esfuerzos en seducir a su compañera de trabajo, Rita, (Andie McDowell), a base de ensayo y error, aprendiendo sobre ella y recreando continuamente lo que funcionó la vez anterior y cambiando lo que no. Y de repente, en uno de tantos días que no son sino el mismo, tienen un momento mágico, se miran el uno al otro, conectan, y la situación pide un beso a gritos. Sin embargo, son interrumpidos y el momento se estropea. Por supuesto Phil intentará recrear el momento en las posteriores versiones de ese día, pero una cosa es sorprenderla recitando poesía en francés que es algo que puedes decidir hacer una y otra vez, y otra conseguir controlar el universo de sutiles variables que llevaron a ese único y maravilloso momento. Por supuesto fracasa. Y aunque al final todo sale bien, y es seguro que luego tuvieron muchos momentos mágicos, nunca habría podido repetir exactamente aquel.
 

Escena de Atrapado en el Tiempo
Un momento mágico... e irrepetible. Atrapado en el Tiempo (1993)

La otra película es Dos Vidas en un Instante (1998), protagonizada por Gwyneth Paltrow y John Hannah. En realidad, son dos películas en una, ya que simultáneamente nos cuenta dos historias a partir de que algo ocurra o no, y este suceso es que la protagonista, Helen, tenga un pequeño tropiezo que le impide coger el metro o no. No hay una razón para ello dentro de la historia. Simplemente se nos ofrece, a partir de ese momento, dos versiones de la vida de Helen, la misma persona, pero de cómo transcurre a raíz de algo aparentemente trivial. Y absolutamente todo cambia. Y aunque en ambas historias Helen acabará conociendo a James (Hannah), lo hará en circunstancias muy distintas, la propia Helen será diferente. Que en ambas versiones de la historia acabe conociendo a James no es sino una licencia cinematográfica en pos de un final satisfactorio desde un punto de vista romántico, pero también se sirve de la respuesta de Helen a la frase de James (“ya sabes lo que dicen los Monty Python”) para evidenciar cuan diferente es una Helen de la otra.

Así que la conclusión a la que podríamos llegar es que toda historia sobre viajes en el tiempo donde un personaje cambia el pasado resulta incoherente. En realidad, no es exactamente así. Podemos crear una historia donde un viajero en el tiempo cambie el pasado sin que haya incoherencias introduciendo la idea de las líneas de tiempo alternativas. La línea temporal original permanecería inalterable sin comprometer la existencia del viajero y sus circunstancias, pero su llegada al pasado provocaría una ramificación en el tiempo creando una versión distinta, paralela, de dicha linea temporal. Tal como vemos en la mencionada Dos Vidas en un Instante.

Escena de Dos Vidas en un Instante
Dos Vidas en un Instante (1998)

Sin embargo, es precisamente esto lo que hace que una historia de viajes en el tiempo que hace uso de líneas del tiempo paralelas, si está bien planteada, pueda no tener los resultados que nos gustaría. Y es que si un personaje viaja al pasado para cambiarlo no lo conseguirá, solo creará una versión paralela distinta. Si, por ejemplo, viaja atrás en el tiempo desde un futuro postapocalíptico para evitarlo, en el mejor de los casos, solo conseguirá crear una línea del tiempo donde no se llegue a ese terrible futuro, pero no habrá cambiado la suya donde seguirá existiendo ese mundo destruido, con gente que seguirá sufriéndolo, y la cual nunca volverá a saber del viajero en el tiempo puesto que este ha pasado a formar parte de la línea alternativa.

Si el propósito del viaje al pasado fuera menos pretencioso y, en vez de salvar el mundo, por ejemplo, quisiera salvar a su prometida de una muerte provocada por un accidente… bueno, podría salvarla, pero en la línea original seguirá muerta. Ciertamente podría continuar su relación con ella en la línea paralela, pero para ello tendría un “pequeño” hándicap: ella ya está prometida con la versión de él de esa nueva línea temporal. Habría dos versiones de él en esa realidad. Eso que pasa en algunas películas de que el viajero cambia el pasado, vuelve a su época y todo está arreglado y todo es perfecto simplemente no tiene sentido. Si viaja al futuro de vuelta quizás se encuentre a su chica felizmente casada con él… pero con su otro él, el original de esa línea paralela. Y si pudiera volver de alguna forma a su línea de tiempo original… bueno, en ella nada cambió, la chica sigue muerta.

Escena de El Experimento Filadelfia
El Experimento Filadelfia (1984)

Aún no conozco ninguna historia donde un viaje en el tiempo al pasado consiga cambiarlo de una manera lógica y coherente. Y he visto muchísimas películas de viajes en el tiempo (y leído algunas cosas). Así que, por lo pronto, mientras a algún autor ingenioso no se le ocurra una forma convincente, cambiar el pasado es imposible incluso en la ficción. De ahí que muchas películas de viajes en el tiempo estén mal planteadas. Pero he dicho muchas… no todas. Porque hay películas de viajes en el tiempo donde el pasado no cambia.

Hay películas de viajes en el tiempo donde el viaje al pasado no cambia absolutamente nada. ¿Entonces, donde está la gracia? En ello precisamente. En el concepto de la paradoja cerrada, según el cual el pasado es historia y es imposible de cambiar, y la incursión del viajero en el mismo, precisa e inevitablemente, no hará otra cosa sino que ese pasado acabe teniendo lugar. Son historias donde habitualmente el viajero en el tiempo viaja a un pasado del que no sabe que ya formaba parte. Y aunque lo supiera no podría cambiar nada. ¿Es que el viajero se ve desprovisto de su libre albedrío? No exactamente, más bien el uso de ese libre albedrío le acabará llevado inevitablemente a ese destino. No es que le esté predestinado, es que ya sabemos el resultado que tendrán sus acciones.

Y precisamente eso hace que la paradoja cerrada sea bella, el hecho de que estas historias se permiten jugar con el espectador mostrándole anticipadamente, pistas, sucesos, detalles, que no son sino las consecuencias de acontecimientos que aún no han tenido lugar, pero que lo harán más tarde. Se cierran círculos, se atan cabos. Toda la trama acaba perfectamente (cuando se hace bien) rematada cuando llegamos al final. Por eso la paradoja cerrada es bella, porque, por un lado, no deja imperfecciones inaceptables como las incoherencias de la paradoja abierta, pero, por otro, tiene sus propios valores añadidos: supone una solución elegante, y un juego con el espectador. Y eso a pesar de que sigue siendo una paradoja, hay “imposibles” en ella, pero están ocultos y son muy curiosos.

Escena de Regreso al Futuro
Regreso al Futuro (1984)

Por ejemplo, hay una historia, no diré el nombre para no fastidiar el que alguien pueda encontrarla eventualmente y leerla, en la cual un experto en cierto autor se conoce todas sus obras. Entonces viaja al pasado para conocer a ese autor, pero no consigue encontrarlo por ninguna parte. Además, acaba atrapado en dicha época y no sabe hacer prácticamente nada con lo que ganarse la vida… así que decide escribir la primera de las obras de ese autor y publicarla, para ganar algo de dinero. Para no fastidiar la historia robándole al autor original su obra, decide firmarla con el nombre de aquel. Se le acaba el dinero y una obra acaba sucediendo a otra. Al final resulta que él ya era originalmente el autor en quien era experto. Solo que obviamente no lo sabía. El círculo se cierra, como las serpientes que se muerden la cola en un ouróboro. Esta es la elegancia de la paradoja cerrada. Pero… ¿Quién creó el texto original de aquellas obras?

Muchos de aquellos quienes crean historias sobre viajes en el tiempo para cine, tv, etc. demuestran sobradamente estar familiarizados con muchos de estos conceptos, y con los dos tipos de paradojas y sus efectos, y, sin embargo, a pesar de ellos, acabamos con obras que no los manejan bien en absoluto. De hecho, suelen mezclar paradojas abiertas y cerradas en una misma historia cuando, por definición, es imposible: o decides que las acciones del viajero en el tiempo son susceptibles de cambiar el pasado o que no lo son. No tiene sentido que la física de ese universo de ficción se rija por una u otra regla caprichosamente según el momento. No sin una muy buena explicación que yo aún no he visto en ninguna parte. 

Esto solo ha sido una breve introducción a lo que planeo que sea una serie de artículos sobre películas de viajes en el tiempo. En los siguientes artículos pondremos el foco ya directamente en el análisis del viaje en el tiempo en determinadas películas o sagas. Volveremos sobre los conceptos que hemos visto en este artículo aplicados a la obra en cuestión y nos pararemos a contemplar ciertas peculiaridades propias de cada una. No creo que me meta en series, aunque quizás haga alguna excepción o mencione algunas de pasada. Y en general los siguientes artículos de esta serie también dependerán del interés que despierten.


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